Hasta hace algunas semanas no me había sentido tan vivo y tan bien como me he sentido en días recientes. De hecho, creo que hasta había perdido el bello sentimiento de maravillarme por cosas que son tan simples y que, como siempre pasa, están ahí para llenar a todos de asombro.
Espero que algunos se hayan dado cuenta de ahora sí, he comenzado a subir las viejas entradas que tenía en este espacio y en las que ya, algunos de ustedes, habían opinado o calificado.
Pero entre las curiosidades que me hicieron el día de hoy encontré una que realmente me hizo sonreír como no lo hacía hace tiempo por un trabajo viejo.
Para empezar, estaba terminando un “freeky” y esperando la respuesta del cliente acerca de algunos cambios que se habían hecho a su material y decidí empezar a revisar que entradas del blog podía comenzar a subir para hacerme la vida un poco más sencilla.
Me di tiempo para leer uno y me decidí por el que sentí que me vibró más cabrón y que se ha vuelto en uno de mis textos favoritos. Decidido revisar otro pero la respuesta del cliente me distrajo de mi lectura y lo dejé para después, mucho después, ya que tuve que atender a Max, Janis y Bonnie (mis amados perros) y me salí a hacer otras cosas a la calle.
Regresé a casa ya tarde, con buenas noticias y con muy buen humor a pesar de la larga espera que tuve que hacer en un puto modulo de la Secretaría de Finanzas del DF que se encuentra en Parque Delta (¡coño! Como te pueden alterar unas pinches actas de nacimiento si tienes que hacer cola por casi dos horas). Pero llegué a casa de buen ánimo y me disponía a terminar mi día con un buen rato de lectura y escuchando unas rolitas cadenciosas. Pero siempre sale algo cuando quieres pasar un buen rato, en fin.
Un poco más desocupado, abrí el blog y revisé el artículo que había visto horas atrás. Se titula EFECTO DOOPLER y lo pueden encontrar dentro de este espacio pero varios lugares más abajo o pueden buscarlo en las etiquetas.
Lo especial de este artículo es que fue el primero que escribí para The Guanajuato Street en mis viejos días como estudiante y, en aquellos primeros números, sólo tenía a mi cargo la sección de música. La neta, me trajo unos recuerdos bien chidos de aquel loco 2005. Antes de que los Sub-17 se volvieran en ídolos nacionales y campeones del mundo; antes de que a Saddam Hussein se lo cargara la corneta; y sólo unos meses después de haberse estrenado el Episodio III de Starwars. Yo estaba apenas entrando al sexto semestre de la carrera y ni sabía todo lo que me esperaba.
En la publicación que hice para marcar mi regreso a este espacio, llamada ¡ESTOY DE REGRESO! Me comprometí a poner estos viejos escritos conforme fueron publicados originalmente en “El Guanajuato” pero disfruté tanto volverlo a leer que busqué en mis archivos el documento original para saber su fecha pero no lo encontré.
Así que me dispuse a revisar las gigantescas impresiones (que a pesar del tiempo todavía conservo) en que publicábamos nuestro informativo escolar. Nuevamente me distraje pero, de pronto, se escuchó un golpazo muy fuerte y cuando llegué al estudio me di cuenta que el cilindro que había hecho con los aquellos periódicos se había caído del lugar donde los dejé. Con la fuerza del golpe se habían roto las cintas que les había pegado para que no se separaran, y justo ahí apareció, el número 1 de aquel semanario, lo llevé a la cama y extendí todos esos papeles para tener mayor visibilidad.
Al leer la fecha de publicación fue que solté una gran carcajada, era como si el destino hubiera tirado aquel pesado cilindro hecho por nuestros viejos periódicos sólo para mostrarme que un día como HOY, 19 de agosto, pero de hace CUATRO años había escrito aquella primer nota en “El Guanajuato”.
¡No mamen! Es bien cagado, después de cuatro años, volver a leer algo que escribí en un día como hoy y que tiene mucha relación con todo lo que soy ahora y a lo que me dedico.
¡Güau! Me siento realmente sorprendido por esta agradable coincidencia, sólo espero que le den un chance a esta nota para que vuelva a ser leída y deseo que la disfruten tanto como yo lo hice cuando la escribí o, si se puede, más de lo que yo gozo ahora que me he reencontrado con ella.
Salud0Z y felices “rockeos”.








