¡Este día ha sido...
























sin comentarios...!

100 MONEDAS

Cambié mi billete de 100 por monedas de peso, al fin y al cabo, es todo lo que me quedaba y quería darme el lujo de sentir que lo disfrutaba a lo grande.

Al salir del banco, me detuve a pensar en que podría gastar mi “pequeña fortuna”, mis cien monedotas de “apeso” y justo frente a mí apareció, cual duendecillo mágico, el clásico vendedor de dulces, fritangas y cigarrillos.

Le pedí un cigarro y su encendedor -¡sssshhh…! ¡aaahhhh…!- La primer bocana de humo me deja disfrutar de mi “opulencia” y, al mismo tiempo, saber que soy parte del selecto grupo de personas que tiene la oportunidad de disfrutar de estos placeres.

Camino un rato y al llegar a una esquina me doy la oportunidad de leer cada uno de los encabezados de los diarios; nada extraño, crisis aquí, guerra allá, muerte acullá… asaltos, asesinatos, narco, sexo, tetas, blasfemias, caídas, política, desempleo -todo en orden-.


Busco el periódico más grueso, grande y tosco le pregunto al voceador su precio, saco mis monedas y mientras cuento la totalidad del importe él me comenta que es bueno que lleve conmigo cambio para pagar, yo, con una sonrisa, le contesto que es todo lo que tengo. Le pregunto si tiene una pluma o lápiz para escribir y me responde negativamente pero que unos pasos adelante hay una papelería.

Entro y le pido tres plumas de distintos colores a la señora que atiende, nunca me ha gustado limitarme a sólo un color; junto mis pesitos, le pago a la mujer y salgo de la papelería. Llego a un árbol en medio de una camellón y reúno la hojarasca que hay a su alrededor, con ella improviso un asiento bajo la sombra de aquel árbol y me siento a leer mi diario.

Algunas horas más tarde, he seleccionado algunos anuncios en la sección de empleos, sé el nombre de los artistas en rehabilitación, quién sale con quién y en que nuevo lío está metido el país. Prácticamente, he analizado las dos o tres noticias más importantes de cada sección pero ahora mi estomago reclama algo que comer.

Con la vista he descubierto una tiendita pasando algunas calles, me acerco y busco algo que se me antoje y que pueda calmar mi hambre, obviamente, mi mano en el bolsillo me recuerda que no tengo mucho dinero para gastar -¡pero no importa!- me repito en la mente. Repaso las vitrinas y los estantes una y otra vez con la vista, volteo atrás y la imagen de una niña vestida de rosa con un gigantesco moño en la cabeza intentando alcanzar algunos dulces de una de esas máquinas en las que depositas un peso y te da algunos pocos caramelos, me hace recordar cuando las cosas eran más simples. Me acerco y le deposito al aparato un peso, le doy vueltas a la manija y repito la operación tres veces más. La niña se sorprende cuando pongo sus manitas bajo la bocaza de la máquina de dulces para que ella los reciba, corre contenta con su madre y ésta me agradece el gesto con una sonrisa.

Ahora es mi turno, pongo una moneda y giro, pongo otra moneda y vuelvo a girar, así le doy varias vueltas a la perilla de aquel artefacto lleno de colores brillantes hasta que finalmente recibo mis golosinas. Las tomo y con mi periódico bajo el brazo me dedico a caminar y disfrutar de mi “comida” mientras veo los aparadores que hay en mi camino.

Casi ha caído la noche y paso cerca de uno de esos “minisuper” dónde todo está arreglado por categorías, colores, precios y nivel de proteínas o carbohidratos. Pido al encargado un café caliente y recorro los pequeños pasillos buscando algo con que acompañarlo, más golosinas, al menos esta vez tienen una mayor valor nutrimental. En el camino de regreso por esos pasillos he tomado una pasta y un cepillo dentales, un pequeño jabón y una franela para limpiar.

Pago al joven que atiende -¡Diablos, cada día los contratan más jóvenes!-. Mientras junto el dinero para pagarle le pregunto, como es que un niño puede hacerse responsable de toda una tienda y así comienza a platicarme generalidades de su trabajo. Pienso que es muy sencillo y cuando le pago, me doy cuenta que prácticamente me he quedado sin dinero, son muy pocas las monedas que quedan en la mano, las veo y aprieto fuertemente antes de meterlas en mi bolsillo.

Tomo la bolsa de plástico con todo lo que he comprado, mi diario y mi café caliente, reviso una vez más los anuncios en la sección de empleos y me subrayo algunos que había pasado por alto; les he puesto un color diferente por orden de importancia para identificarlos más fácilmente.

Cierro el rotativo y me dirijo a un teléfono de monedas, no estoy seguro de lo que hago, es el momento más difícil del día y con cada latido parece que mi pecho quiere estallar. Al oírla, mi voz emite un farfullo con el que pretendo saludarla, y ella apresuradamente me pregunta el lugar y estado en el que me encuentro. Me pide que regrese, mañana lo haré por ahora sólo quería aprovechar mis últimas monedas para decirle que la amo, y justo después de decírselo la comunicación se corta.

Camino hacia aquél árbol y divido el periódico en secciones, unas me servirán como almohada, otras como cobija y algunas más para no ensuciar mi ropa. Escucho el viento y los sonidos de la noche; antes de caer dormido, visualizo a aquel muchacho y me repito –Mañana regresaré a casa… mañana tendré trabajo de nuevo...-.

Salud0Z

¡Qué no le digan… qué no le cuenten…! Que el mismísimo Dios del Desmadre ya tiene su propio espacio en este congal binario llamado Internet.

¡Así como lo oye…! O mejor dicho, lo lee. Un espacio dónde podré reciclar mucha de la basura que levanto todos los días en mi paso por la vida. Supongo que habrá opiniones encontradas, contrapunteadas e incluso aquellas que me den el avión y de entrada sólo puedo decir… ¡chido!

Y es que la realidad me interesan sus comentarios pero, seamos realistas, ¿quién los toma de verdad en cuenta en su vida? O ¿quién hace un cambio sustancial en su vida debido a algún comentario que le dejen en sus espacios virtuales (llamase MySpace, Hi5, Blog, Spaces o cualquier otro)? ¿Para que los engaño diciendo que todo será tomado en cuenta? Bueno, tal vez una cosa de aquí, otra de allá y una más de acullá.

Tal vez lo más rescatable es que dejo el espacio abierto para tener retroalimentación en todos los sentidos, de ustedes hacia mí, de mí hacia ustedes y entre ustedes mismos.

No pretendo bajo ningún motivo ser parteaguas, tutor, mentor o ídolo de las masas, repito sólo es un espacio de reciclaje de ideas, pensamientos y hasta sentimientos plasmados en palabras.

Aquellos que me siguen religiosamente, por aquello de ser el dios del desmadre, pueden postear donde serán los desmadres a los que pueda caerle toda la banda chida y desmadrosa.

Ésta es la mejor manera que se me ocurre para dar la bienvenida a aquellos que me conocen por primera vez, a mi banda (que ya es bastante) y a toda la gente que visita este rinconcito del espacio virtual. A los que llegaron por casualidad, bienvenidos.

Aquellos amigos o conocidos que repentinamente se encontraron con que ahora tengo este espacio y no les avise, les pido que antes de decir “Eres un culero.. no me habías dicho que ya tenías un blog…” , sólo les puedo pedir que me entiendan.

No es chido que después de salir de un trabajo dónde todos los días anuncias madre y media, vendes todo lo que te piden los clientes y buscas la forma de que la gente le tome mayor cariño a las marcas, salgas y tengas que anunciar tu propio espacio. Por eso he decidido que la mejor manera de comunicarles de este espacio sea a la manera “AMWAY”, ja, ja, ja, es decir de alguien que invita a otros dos “brothers”, estos a su vez a otros más y así los primeros subirán en la escala hasta convertirse en 0Zlectores diamante, platino, oro, rubí y demás.

Bueno, esta primer entrada ya se alargó, así que les daré chance de seguir con sus vidas. Vayan a visitar páginas porno, llénense de virus con ventanas pop-up y si pueden salgan de este mundo de bytes y disfruten del aire que aún queda en este planeta para que se lo presuman algún día a sus nietos mutantes.


Bueno, banda…
¡Keep on Rockin' in the Free World!


0Z